En el Molino Manso, el sol recién asomaba. Canela ya estaba lista para la ronda de la mañana.
—¡Vamos! —dijo, y partió al trote.
Llegó sola al Patio de la Mañana. Miró para atrás. No venía nadie.
A lo lejos, Petra seguía preguntando qué iban a mirar, y Gus todavía se estaba acomodando las plumas.
Canela se rió de sí misma y volvió al trote. —¿Estamos todos? —preguntó esta vez.
—¡Ahora sí! —respondieron sus amigos. Y partieron juntos, que es la mejor manera de partir.
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